Nos faltan brazos y palabras,
horizontales noches de las que sabemos poco todavía,
y saber que entre la muerte
y la prisa de la niebla al desvaírse
ha de quedar algún recuerdo consistente de haber sido.
Te escribo ahora porque sé que mañana
nunca acabaría todo esto
que se tiende sobre ti porque es saliva.
Observa la luz desde el balcón
y ve la niebla abatida en esta casa
donde entre sábanas prolongo la última palabra sabia:
tornavoz inútil de este punto donde habita
una fugaz febril memoria de amor y ceniza.